Siglo XXI. Era de la Tecnología. Imágenes HD. Términos interrelacionados. Términos que se integran perfectamente cuando de algo tan cotidiano como la TELEVISIÓN se habla. Actualmente hablar de imágenes de Alta Definición, información digital, nitidez audiovisual, es tan coloquial que ni siquiera se le atribuye un significado mucho más trascendente que lo que vemos día a día en una pantalla de TV, por ejemplo. Sin embargo, ciertamente ninguno de estos términos tiene una acogida que sobrepasa las dos décadas, así de recientes son.
Es muy seguro que si cualquier joven de esta generación le preguntase a sus padres de la calidad de la imagen en TV cuando era niño, este se quedara sin respuestas, después de todo, algo como "calidad de imagen" es muy superfluo comparado con la sensación y la novedad de la tecnología cuando a penas está iniciando. Y es que eso es lo que le tocó a nuestros padres. La TV cuando a penas estaba pasando del blanco y negro al color. Cuando tener más de 5 canales era un lujo muy grande. Cuando contar con programación 24/7 y apta para todo el público era impensable, y hasta absurdo. ¿Qué tanto importa la nitidez de lo que ves cuando ni siquiera te habías imaginado poder tener algo parecido a un cine en casa?
Lo que trato de decir es que la televisión es MUY joven. No ha cumplido el centenario sobre la tierra.
Más sin embargo aquí está, como un fenómeno que se ha vuelto tan básico para la subsistencia social como el respirar para un ser vivo. Aquí está, como la columna vertebral de la cultura de consumo del occidente. La televisión es casi que ineludible, y lejos de tratarse esto como algo alarmante, la TV crece y gana dominio cada día.
Y precisamente es esto lo que protagoniza la transformación de calidad que está sufriendo la Televisión. Nuestros padres la conocieron en su estado primitivo, una televisión analógica, recién introducido el color, con imágenes captadas por antenas en V -las poderosas espadas que los abuelos valientemente apuntaban al cielo para invocar la bendita onda de radio que recibía la señal desde el mismísimo Trono de Dios en el Cielo: llámese Satélite. Es muy probable que nuestros hijos tomen la idea de "antena en V" tan fantásticamente como lo planteé anteriormente: algo solo pertinente a mitos y leyendas de los alejados días de antaño, porque lo que ellos conocerán será sin lugar a dudas, la Televisión Digital. Ahora, no es que la TV digital no se comunique por satélite, pero sí es que nuestros hijos seguramente sólo han de conocer las gigantes y modernas antenas que se encuentran en los techos de los edificios. Conocerán imágenes tan nítidas que parecerán una simulación idéntica de la realidad fuera de la pantalla. Conocerán un sonido tan natural y clara como la voz de sus madres. Conocerán una TV con tanto contenido que ni siquiera ambicionarán explorarlo en su totalidad. Conocerán la TV en el estado que hoy el mundo sueña y que se está implementando al rededor del planeta entero.
Parafraseando algo que dice el personaje principal una de mis películas favoritas, Contacto (1997), la cual interpreta Jodie Foster, nos encontramos inmersos en una "adolescencia tecnológica". Una época en la que la tecnología prima, pero a la vez es tumultuosa y está incidiendo infatigablemente en el destino de nuestra civilización. Está aportando a su crecimiento, pero también se puede estar convirtiendo en una crisis. Estamos en la adolescencia de la TV. Se están afrontando retos importantes en cuanto a la regulación de lo que se ve, en cuanto a la implementación de las nuevas tecnologías, en cuanto a lo que significa la TV en la vida en el siglo XXI. Hoy somos adolescentes al mismo tiempo que el medio de comunicación masivo más influyente de nuestro tiempo. La TV digital sin duda alguna será parte de la madurez de la TV. Esperemos que la TV alcance es madurez en al mismo tiempo que la alcancemos nosotros. Hablo y me Salvo.
lunes, 17 de marzo de 2014
martes, 11 de marzo de 2014
Utilidad intrascendente
No siempre tienes la respuesta. No siempre tiene la idea. No siempre tienes la claridad. A veces te falta lucidez. Escribo algo que no creo que tendrá mucha trascendencia... Y mientras aspiro a algún día ser recordada por haber hecho "algo" que cambie el mundo (no peco por ambiciosa, creo que desde que cambies así sea UNA SOLA vida puedes cambiar el mundo...) no pretendo plasmar nada históricamente memorable aquí hoy. Tampoco insinúo que hasta ahora habré escrito cosas en este blog tan "memorables". Pero por lo menos mis publicaciones antiguas tienen que ver con ideas que he contemplado cuidadosamente antes de escribirlas. Voy a ser honesta con quien sea que lea esto. Hoy escribo aquí porque estoy en una clase de informática en la que hasta ahora no se ha planteado nada productivo por hacer... Pero no me quiero sentir inútil. Por ende escribo.
Si no me quiero sentir "inútil", sí, podría emplear este tiempo para escribir algo más profundo... Para investigar para algún trabajo... Inclusive podría dejar pasar el tiempo en alguna red social y convencerme a mí misma que chatear con alguien tan desocupado como yo (¿quién sino es un desocupado anda a medio día chateando en Facebook?) o mirar las fotos de mis amigos es algo que está a mi servicio intelectual. Sí, como muchas personas de mi edad tengo sueños de publicar un libro, una novela, una leyenda... podría ponerme a trabajar en eso. Pero no estoy inspirada para la ficción ni la literatura seria en general, y no estoy exactamente en el ambiente. No soy capaz de escribir nada más allá de lo superficial en un salón con veinte personas más pendientes de lo que hago. Podría adelantar un trabajo... pero ¿Qué tan lejos llegaré en tan solo los treinta minutos que me faltan, sin libros ni referencia? Podría meterme a Facebook: una escapatoria popular al aburrimiento. Pero Facebook jamás es interesante antes de las 5:00 de la tarde.
No me quiero aburrir. Entonces escribo. Me demoro quince minutos poniendo palabra, tras palabra, tras palabra. Veinte minutos si contamos la prueba de lectura. Media hora bruta por que a veces hago pausas. Entonces me siento "productiva". Hasta me doy cuenta que poniendo palabras, eventualmente sí se puede inducir la inspiración, porque adentrados los diez minutos escribiendo esto que aún no le encuentro nombre, ya pude encontrarle propósito:
¿Por qué sentimos la necesidad de sentirnos productivos? ¿Por qué nos aburrimos tan fácilmente aún cuando estamos haciendo justamente algo que nosotros mismos hemos escogido? Yo escogí mi camino. Yo estoy exactamente donde quiero estar ahora. Más sin embargo, admito espacio al aburrimiento. Admito espacio para la duda. Y admito espacio para sentirme menos de lo que soy y para sentirme poco útil aún cuando todo lo que hago viene bienaventuradamente. Admito espacio Y TIEMPO para perder. Pero lo triste es que eso me preocupa. ¿Por qué habría de preocuparme? Dicen que el tiempo que se pierde no se recupera. Pero... ¿Será que sí podemos llevar una vida 100% productiva? Me da miedo un día de descanso porque temo aflojarme. Los niveles de disciplina y tenacidad han de ser siempre altos. Me da miedo media hora de superficialidad porque por algo tengo tanta energía: para usar.
Pero, ¿Será que debería ser así? ¿Será que como ser humano cada SEGUNDO está destinado a ser grande? No lo creo. Es más, estoy segura que no. Si cada segundo fuese grande, no sabríamos distinguir entre los momentos extraordinarios y los momentos comunes y corrientes. Son momentos acromáticos como estos los que permiten que los momentos de color se vean tan vívidos, brillantes, hermosos, especiales. Por eso mismo no debería preocuparme por perder media hora, cuando he tenido tantos cientos, miles de horas, que me han traído TANTA buena fortuna, provecho, felicidad, aprendizaje.
Pero bueno. Esto no es realmente tan importante. Esto solo debía ayudarme a pasar media hora de tiempo que de otra manera hubiera sido perdido. No tiene trascendencia... Pero me ayudó a sentirme útil porque no sé cómo quedarme mentalmente quieta por santos treinta minutos. Debo aprender a hacer eso. Hablo y me Salvo.
Si no me quiero sentir "inútil", sí, podría emplear este tiempo para escribir algo más profundo... Para investigar para algún trabajo... Inclusive podría dejar pasar el tiempo en alguna red social y convencerme a mí misma que chatear con alguien tan desocupado como yo (¿quién sino es un desocupado anda a medio día chateando en Facebook?) o mirar las fotos de mis amigos es algo que está a mi servicio intelectual. Sí, como muchas personas de mi edad tengo sueños de publicar un libro, una novela, una leyenda... podría ponerme a trabajar en eso. Pero no estoy inspirada para la ficción ni la literatura seria en general, y no estoy exactamente en el ambiente. No soy capaz de escribir nada más allá de lo superficial en un salón con veinte personas más pendientes de lo que hago. Podría adelantar un trabajo... pero ¿Qué tan lejos llegaré en tan solo los treinta minutos que me faltan, sin libros ni referencia? Podría meterme a Facebook: una escapatoria popular al aburrimiento. Pero Facebook jamás es interesante antes de las 5:00 de la tarde.
No me quiero aburrir. Entonces escribo. Me demoro quince minutos poniendo palabra, tras palabra, tras palabra. Veinte minutos si contamos la prueba de lectura. Media hora bruta por que a veces hago pausas. Entonces me siento "productiva". Hasta me doy cuenta que poniendo palabras, eventualmente sí se puede inducir la inspiración, porque adentrados los diez minutos escribiendo esto que aún no le encuentro nombre, ya pude encontrarle propósito:
¿Por qué sentimos la necesidad de sentirnos productivos? ¿Por qué nos aburrimos tan fácilmente aún cuando estamos haciendo justamente algo que nosotros mismos hemos escogido? Yo escogí mi camino. Yo estoy exactamente donde quiero estar ahora. Más sin embargo, admito espacio al aburrimiento. Admito espacio para la duda. Y admito espacio para sentirme menos de lo que soy y para sentirme poco útil aún cuando todo lo que hago viene bienaventuradamente. Admito espacio Y TIEMPO para perder. Pero lo triste es que eso me preocupa. ¿Por qué habría de preocuparme? Dicen que el tiempo que se pierde no se recupera. Pero... ¿Será que sí podemos llevar una vida 100% productiva? Me da miedo un día de descanso porque temo aflojarme. Los niveles de disciplina y tenacidad han de ser siempre altos. Me da miedo media hora de superficialidad porque por algo tengo tanta energía: para usar.
Pero, ¿Será que debería ser así? ¿Será que como ser humano cada SEGUNDO está destinado a ser grande? No lo creo. Es más, estoy segura que no. Si cada segundo fuese grande, no sabríamos distinguir entre los momentos extraordinarios y los momentos comunes y corrientes. Son momentos acromáticos como estos los que permiten que los momentos de color se vean tan vívidos, brillantes, hermosos, especiales. Por eso mismo no debería preocuparme por perder media hora, cuando he tenido tantos cientos, miles de horas, que me han traído TANTA buena fortuna, provecho, felicidad, aprendizaje.
Pero bueno. Esto no es realmente tan importante. Esto solo debía ayudarme a pasar media hora de tiempo que de otra manera hubiera sido perdido. No tiene trascendencia... Pero me ayudó a sentirme útil porque no sé cómo quedarme mentalmente quieta por santos treinta minutos. Debo aprender a hacer eso. Hablo y me Salvo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)