viernes, 21 de febrero de 2014

Toxic Relationships

Relaciones. Son la base de la vida social, base de la vida humana. Relaciones. Son positivas, provechosas, negativas, destructivas, reveladoras, apasioadas, inspiradoras, deprimentes, complicadas, confusas...
Relaciones. Pueden ser con cosas, con lugares, con intituciones, con personas... Relaciones.
Yo confieso: tengo una relación tóxica. Sí, una relación tóxica que define mi vida social y es indudablemete una piedra en el zapato. Absolutamente tóxica, porque llevo ya meses en el clásico, "no puedo vivir con ni mucho menos sin". Absolutamente tóxica, porque es lo único que desequilibra mi centro, más al mismo tiempo ocupa un lugar muy central en mi vida. Absolutamente tóxica porque quiero huir pero -aunque no lo quiera aceptar- la rutina y el miedo me lo impiden. Absolutamente tóxica porque sé que ya no estoy ganando nada en esta relación, pero como la propia masoquista aquí me quedo, sin reaccionar.

Por si alguien se lo pregunta, no, no es una relación tóxica con "alguien" en especial. O puesto literalmente, no es una relación tóxica con un novio/compañero/pretendiente/amante o la categoría que se les ocurra. Es una relación tóxica con algo un poco más complejo... Un grupo de personas que forman parte de mi vida extracurricular desde hace tres años y medio. Una relación tóxica con una comunidad, digamos, para no delatarme demasiado.

Acabo de comenzar a estudiar comunicación. Entiendo que hay incompatibilidad entre ciertas personas y la interpretación en la comunicación es clave. Los errores de comunicación cuestan y cuestan mucho más cuando no hay mucha afinidad... Entiendo esto, mi carrera me lo enseña y la vida se encarga de demostrármelo, pero a pesar de saberlo bien, a pesar de estudiarlo frecuentemente, no soy capaz en práctica de comunicarme y arreglar lo que debo. Literalmente he tenido sueños en los que me enfrento a las personas que me desestabilizan y les digo con toda la valentía y convicción del mundo lo que el despertar nunca me permite decir. Tengo fantasías en las que se alcanza la armonía con ellas. Y tengo momentos en los que me decido de una vez por todas por abadonarlo todo. Por buscar otros caminos. Por borrarlos de mi mapa.

Pero si bien sé, uno SIEMPRE debe ser consecuente con las desiciones que toma. Una siempre debe tomar responsabilidad en sus acciones.Uno debe saber que a veces un "adiós" es lo más irremediable que hay, y por ello solo lo puede usar en el momento adecuado. Nunca creo que el momento adecuado ha llegado. Siempre sigo diciendo "hola", invitando el agridulce goce de mi martirio. Nunca lo abandono todo, siempre sigo en un "ahora" eterno con ellos y a medida que crecen mis ganas de alejarme crece mi apego hacia el increíble impacto que han tenido en mi vida. La relación es más tóxica que la vida en Hong Kong.

Dicen que del amor al odio hay un solo paso. Nunca quisiera amar a alguien tanto si eso implicará voltear la moneda bruscamente. Eso fue lo que pasó: un giro del amor de ensueño al desencanto total. No sé cual será el próximo giro, y no sé si mañana me despierte pensando que sobreactué y hoy simplemente fui una dramática exagerada... No sé si lo del ayer de mañana tedrá tanta carga como la tiene hoy, como la tiene ahora... Pero sí se que el primer paso para sanarse, es reconocer que se tiene un dolor, una fuente de sufrir, una herida. A lo mejor el hecho de que hoy por primera vez reconozco que estoy inmuscuida en una relación muy tóxica con el grupo de personas con quien màs comparto fuera de la U sea el primer paso para sanarme. Por ahora, no sé nada, pero escribirlo se ha sentido aliviador. Hablo y me Salvo.

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